La discriminación consiste en actitudes y prácticas de desprecio hacia alguien por su pertenencia a un grupo al que ha sido asignado un estigma social. Esas actitudes y prácticas se hallan enraizadas en discursos sociales y prejuicios que la legitiman, las reproduce y resultan en la exclusión del grupo estigmatizado, lo cual alimenta la desigualdad, la fragmentación social y el abuso del poder.
La reforma realizada en 2001 al Artículo 1° de la Constitución de los Estados Unidos Mexicanos, cuyo párrafo tercero prohíbe la discriminación, y la promulgación de la Ley Federal para Prevenir y Eliminar la Discriminación, el 11 de junio de 2003, comprometen al estado a brindar una protección efectiva a toda persona contra cualquier acto de discriminación, considerándose como acto discriminatorio las acciones que nulifiquen derechos constitucionales.
El trato diferenciado que prevalece entre el hombre y la mujer son el resultado de un largo proceso de construcción social en la cual la desigualdad y la inequidad son actitudes arraigadas en la cultura mexicana, dando como resultado el trato diferenciado que se da sobre la educación entre ambos géneros.
Los resultados de la Primera Encuesta Nacional sobre Discriminación en México 2005 (SEDESOL-CONAPRED) señala que las poblaciones que se consideran mayormente discriminadas son de diversidad sexual con 43% y le siguen el grupo de las personas con discapacidad con 33%; 9 de cada 10 personas de estos grupos opinan que existe discriminación por su condición y 3 de cada 10 opinan que han sido segregados por su condición en el último año.
Estigma y discriminación
